orgullo

Un amigo berlinés me recomendó este capítulo de C.S. Lewis acerca del orgullo.  Es el capítulo 8 de “Cristianismo …. y nada más!” y se llama “El gran pecado”.  Siguen citas de este capítulo.

“El vicio de que hablamos es el orgullo o amor propio; y la virtud que se le opone en la moral cristiana se concoce como humildad… De acuerdo con lo que enseñan los maestros cristianos, el vicio esencial, la maldad extrema, es el orgullo.  La falta de castidad, la ira, la avaricia, la embriaguez y todo lo demás, son en comparación “picaduras de mosquito”.  Fue por orgullo que el diablo se convirtió en diablo;  el orgullo lleva a todos los demás vicios;  es el completo estado de anti-Dios en la mente….

El caso es que el orgullo de cada quien está en competencia con el orgullo ajeno.  Es porque deseábmos ser los más ruidosos en la fiesta que nos sentimos tan incómodos cuando otros son los que hacen el ruido.  …El orgulloso no se complace de tener algo sino de tener más que el otro. … Es la comparación la que nos hace orgullosos:  el placer de estar por encima de los demás.   Una vez que desaparece el elemento de competencia, el orgullo también desaparece. …

Es el orgullo (el deseo de ser más rico que otro rico) y aún más, el anhelo de poder.  Porque, claro está, el poder es algo que el orgullo realmente disfruta;  no hay nada que haga que un hombre se sienta superior a los demás como el poder mover a los demás como soldados de juguete. …

Los cristianos están en lo cierto:  el orgullo ha sido la causa principal de sufrimiento en todas las naciones y en todas las familias desde que el mundo es mundo.  Otros vicios puede ser que unan a la gente;  uno puede hallar buen compañerismo y bromas y cordialidad entre los borrachos y los lujuriosos.  Pero el orgullo siempre significa enemistad, porque es enemistad.  Y no sólo enemistad entre hombre y hombre, sino también enemistad con Dios. …

Es terrible que el peor de todos los vicios se pueda desliyar hasta el mismo centro de nuestra vida religiosa.  Pero podemos ver por qué.  Los otros vicios, que lo son en grado menor, son el resultado de la obra que el diablo realiza en nosotros por medio de nuestra naturaleza animal.  Pero en ninguna manera el orgullo proviene de nuestra naturaleza animal.  Nos viene directamente del infierno.  Es puramente espiritual; Por consiguiente es más sutil y mortal.  Por esta misma razón el orgullo puede ser a menudo usado para reprimir los vicios más sencillos.  Con alguna frecuencia los maestros apelan al orgullo del muchacho, o, tal como lo llaman, al amor propio para hacer que se comporte decentemente.  Más de un hombre se ha sobrepuesto a la cobardía, a la concupiscencia o al mal carácter al acostumbrarse a pensar que están perjudicando su dignidad, o sea por orgullo.  El diablo se ríe de esto.  Se alegra al ver que nos convertimos en gente casta, valiente y con dominio sobre ciertos instintos desviados si, al mismo tiempo, está instalando en nosotros la dictatura del orgullo, tal como estaría contento de ver que nos curamos de los sabañones si a cambio de esto se le permite que nos traiga el cáncer.   Porque el orgullo es cáncer espititual; devora la posibilidad misma del amor, del contentamiento y aun del sentido común. …

Si alguien desea adquirir la humildad, creo que puedo senalarle el primer paso.  Este primer paso es darse cuenta que uno es orgulloso.  Y es un paso enorme también.  Al menos nada puede adelantarse hasta tanto no se haya dado.  Si pensamos que no somos presuntuosos, es porque somos demasiado presuntuosos.” 

 

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