Romans VII: The Hare and the Hedgehog

En los últimos dias Mister „Yo“ descubió cosas que lo aliviaron bastante. Ahora tiene que enfrentar a una verdad desagradable.

„Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo“ (v.18)

Esta observación no neutraliza lo anteriormente dicho. Queda cierto que con sus fracasos no es el delincuente sino la víctima que vez tras vez se deja vencer por ése poder que habita en él que llama „pecado“. Asíque también en el versículo 18 el inhabitante enemigo es el „no bien“, y no es él mismo. Pero no se debe subestimar al enemigo.

Si dice „en mí no mora el bien“ no significa que Mister „Yo“ no es capaz de hacer algo bueno. Más bien significa que el pecado está siempre presente. Aún cuando está haciendo algo bueno el pecado impide que lo bueno quede sin mugre. A veces Mister „Yo“ fracasa en una fase muy temprana. Un pequeña cosa puede causar que pierda los nervios. Un poco de miedo y ya abandona su honestidad. Un poco de tentación y se rinde. Pero éso no significa que se salvaría con un poco más de disciplina o coraje o firmeza.

Mister „Yo“ puede ser una persona bien respetada en el pueblo de Dios. Quizas es un predicador. Predica con mucha honestidad, predica para los hombres, Dios se pone a su lado en sus predicaciónes, las personas se convierten o reciben ánimo. Pero el no puede evitar que en todas sus predicaciones también hay motivos muy carnales – así lo sabe Haso por propia experiencia dolorosa. Quizas sufre por envidia porque otro predicado tiene más bendición o respeto. O tiene demasiada ambición – todo eso se puede aplicar a otras „obras buenas“.

Hay que esperar que Mister „Yo“ no saca las conclusiones equivocadas y recae en la auto-acusación. No debería pensar mál de sí mismo otra vez. Solamente tendría que perder una ilusión. Esta ilusión es: „Si me esfuerzo lo suficientemente y si tengo la disciplina logro anular el pecado.“ Pero el problema „pecado“ no se deja solucionar con disciplina y firmeza. Únicamente se deja trasladar. La solución es otra.

Al fin y al cabo la pérdida de ésta ilusión ayudará a que Mister „Yo“ reciba alivamiento. Ya está cansado del „querer y correr“, y después de cada esfuerzo encuentra la mueca del pecado que dice como el erizo a la liebre (hedgehog and hare): „Ya llegué.“ Mientras sigue pensando que no se esforzó lo suficientemente se mata – o más probable – resigna algun día. Pero ahora es el momento que va a ser capaz de aceptar una alternativa mejor, una que Dios le mostrará. Y éste momento está cuando su fracaso lo convence no solamente teóricamente de la falta de perspectivas respecto a sus esfuerzos. „en mí no mora el bien“.

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