cont. Romanos VII: The Blues

De la meteorología sí lo sabemos: La sensación térmica no es igual a la temperatura medida. El hecho que tú estas sintiendo frío no quiere decir necesariamente que afuera exista una temperatura bajo cero. Aún durante un verano tropical tú puedes sufrir escalofríos.

De Romanos 7,14-25 aprendemos: mi situación sentida no es igual a mi situación medida. No significa necesariamente que mi situación sea mala unicamente porque me estoy sintiendo mal. Sería mejor “tomarme la temperatura”.

Pablo describe este proceso de medición. En el principio está la sensación térmica de tu vida. Después Pablo toma su termómetro y se lo pone abajo de la lengua de Mister “Yo”. Y al fin y al cabo está el resultado real. Pero todavía llegaremos a ésto. Hoy nos ocupamos de la no-santidad sentida y nada más.

“Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.” (14, 15)

Mister”Yo” está sufriendo. Sufre de sí mismo, de su incapacidad de hacer la voluntad de Dios. Esto es notable desde ya. Casi todo el mundo no está contento – con las circunstancias, con la burocrácia, con el sueldo real o el perro del vecino que abusa la vereda en frente para hacer su obra. Casi todos no estan contentos consigo mismos. Quisieran ser más lindos, con más talento, más ricos, más populares o con más éxito. Seguramente Mister “Yo” conoce estos sentimientos. Pero éstos no so la razon por el Blues suyo. El quisiera ser alguien que quiere hacer la voluntad de Dios – pero no lo está logrando.

El está de acuerdo con la voluntad de Dios, pero totalmente. Puede imaginarse un mundo muy lindo en el cuál cada quien vive de acuerdo con el sermón del monte. Pero el fracasa en su intento de poner su propia vida en harmonía con el contendido del sermón del monte.

Es que la voluntad de Dios es “espiritual” mientras que el es “carnal”. Aqui no voy a explicar en más detalle a estos dos términos. Para Mister “Yo” significan: si está mirando primeramente a la Biblia y después a su propia vida puede notar una diferencia no solamente cuantitativa. (Entonces sí sería posible tapar el hueco, resultado de la falta de obediencia, por lo menos con un poco más de esfuerzo). Pero la diferencia es cualitativa.

Lo está notando muy claramente cuando está pensando en sus modelos espirituales cuya biografía le ha inspirado en el principio pero que ahora le está desalentando. No es que solamente están unas posiciones más arriba que él sino que están jugando en otra liga más arriba aún. Exigería más que subir a una clase más alta para poder llegar a ésta liga.

Pero Mister „Yo“ no se siente miembro del equipo ascendido. Más que nada como miembro del equipo que descende. ¿No es que su estadística registra fracaso tras fracaso? ¿No es que tiene la prueba continua de su incapacidad delante de sus ojos? „No hago lo que quiero.“ ¿Cuántas de sus intenciones buenas han fracasado ya? El no quiere sentir envidia ni estar armargado pero únicamente hace falta que cierta persona entre en la habitación y ya está hirviendo su bronca. No quiere ser dishonesto pero de pronto se le hace una pregunta desagradable y ya termina su honestidad. ¿Y ésto no es solamente sentido, es un hecho, verdad?

Al fin y al cabo está la confusión: „Lo que hago no lo entiendo.“ Por cierto, algo no está bien en él. A veces llega a preguntarse si realmente es un cristiano (todavía). Entonces se desarrolla en presa fácil para predicadores itinerantes que predican el arrepentimiento y que quieren llenar el espacio frente del púlpito con gente por sus llamados al arrepentimiento. Apuntan con éxito al centro de sus sentimientos de culpa. Y ya se encuentra sobre sus rodillas listo para arrepentirse y ora la oración de entrega total número sesenta y tres.

Pero ésta vez la oración fué realmente sincera. Ahora cambiará todo. Pero nada cambia, tan poco como en la última oración o la penúltima vez o en la oración número veintysiete. Me gustaría mucho gritarle: „¡Hombre, relájate, quédate sobre tu asiento, déja ésta tontería!“ Pero por lo menos se lo puedo escribir hoy. (Para que nadie me entienda mal: hay situaciones donde Dios nos convence en forma muy concreta, entonces una reacción de arrepentimiente sería totalmente adecuada. Pero entonces no serían actividades de un desesperado con las cuales queremos dejar atrás el sentimiento de un „loser“, fracasado. Y algunos llamados con los cuales ciertos predicadores quieren pescar en aguas turbias provocan mi ira santa.)

Más que este esquema de Blues no puedo ofrecer hoy. Sí tendríamos que pensar en algunas de las causas por los sentimientos de Mister „Yo“. Se le han promitido que en Jesús hay vida en abundancia. Y ahora encuentra a su vida mucho abajo de lo mediocre aún. ¿Cómo puede haber pasado ésto?

Existen muchas razones. Algunas saldrán a la luz más adelante. Pero ya menciono una explicación. La tonalidad de este Blues está definida por un malentendido. Mister „Yo“ no habla de la VOLUNTAD de Dios, más bien habla de la LEY de Dios. Por él la voluntad de Dios consiste en un conglomerado de exigencias. „Follow the rules“ – así entiende el seguirle. En su interior tiene una idea fija de cómo tendría que ser un creyente. Y él trató de vivir de acuerdo con esta idea fija. No le quedaba otra sino fracasar.

Seguirle a Jesús no significa: „Follow the rules.“ El seguimiento significa: „Follow your heart.“ Dios dió su espíritu en nuestro corazón y escribió su ley en nuestro corazón. Hijos de Dios ne están siendo guiados por reglas, apelaciónes, estatutas sino através del espiritu (Romanos 8,14: Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.), el espíritu que habita en sus corazones. La raíz de todo fracaso es la obligación. Ahí donde está el Espíritu ahí está libertad. Ahí donde está la regla, ahí está la falta de libertad. El nuevo pacto no significa obligación. El nuevo pacto significa liberación. Y Mister „Yo“ no lo ha descubierto todavía. (yo estoy bien consciente de que esta manera de expresarlo puede llevar a malentendidos, pero a la vez estoy seguro de que Mister „Yo“ no me va a malentender).

Cada quien que quiere hacer todo especialmente bien sufre el Blues de Romanos 7 con mucha agudez. Los minimalistas cristianos pueden aguantar más fácilmente su falta de perfección. El que tiene el lema: „Yo llego al cielo por más que esté en la última fila“, puede sentir algo desagradable de vez en cuando. Pero no va a sentir: ¿Miserable de mí! ¿Quién me libgrará de este cuerpo de muerte?“ (v.24)

El Blues de Mister „Yo“ da la prueba, que en el fondo de su corazón existe algo muy lindo y precioso. El hombre ve lo que está delante de sus ojos pero el Señor mira al corazón. Mister „Yo“ mira lo que está delante de sus ojos también – sus promesas no cumplidas, sus fracasos repetidos, el lío que cometió. Por esto está sufriendo. Pero Dios mira al corazón de Mister „Yo“. Dios ya es Padre durante demasiado tiempo como para ser muy impresionado por los fracasos de sus hijos. Mira más al fondo y ya ve lo nuevo, donde Mister „Yo“ todavía sufre de lo viejo. De esto escribiré más adelante.

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